Es normal que escuchemos todos los días en las noticias, alguna situación de secuestro, corrupción, narcotráfico, la economía que beneficia a unos y perjudica a otros, la constante lucha de poderes; quien puede más, quien tiene más, quien “pisa” a quien para tener más, etc.; la pregunta es

¿Queremos que sigan aprendiendo esta situación las nuevas generaciones?

¿Qué hacemos para mejorar esta situación actual?

¿Acaso enseñamos con nuestro ejemplo, enseñamos buenas acciones, somos congruentes en el trabajo, en la familia o con los amigos?


¿Alimentamos nuestro espíritu con la creencia de un ser superior?

¿Qué hacemos para alimentar nuestro espíritu?

Oramos, meditamos, reflexionamos para ser agradables a Dios o según la creencia que se profese.

¿A las nuevas generaciones les proveemos de esa Fe? O preferimos decirles que no existe tal cosa, promoviendo que su única razón de existencia sea lo material, caer en la egolatría, el individualismo, el egocentrismo o el egoísmo, como los poderosos.

¿No sería conveniente en esta sociedad promover y alimentar un “Yo” que sea responsable de sí mismo, equilibrado y consciente?

¿En casa fomentamos la convivencia sana para fortalecer los lazos familiares?

¿nos organizamos para tener tiempos compartidos? O llegamos cansados y no queremos saber nada de nadie, no hay tiempo para dar al otro, da flojera platicar con los demás, o son más importantes mis problemas que los demás tienen que aguantar mi enojo, mis inconformidades, mi carácter, y aparte no hay tiempo ni para compartir los alimentos.

¿Qué enseñamos?

Es mejor continuar con pendientes del trabajo en lugar de convivir con la familia

¿Es más importante darle el tiempo a una empresa, a una cena o convivencia social para presumir cuánto tengo, es más importante el tiempo invertido para tener dinero extra para obtener más bienes materiales?

Y entonces

¿cuál es el momento para la nueva generación?

Para platicar, para saber si hay tristeza, dudas, o para compartir alguna buena noticia, para acompañar, definitivamente son tiempos difíciles, pero no olvidemos que la familia es la base de nuestra sociedad y debemos considerar que entonces podemos ser multiplicadores de células familiares que infesten para sanar una sociedad enferma, debemos construir familias que compartan dichas, dificultades, que oren juntas, que convivan en armonía, que a pesar del cansancio y las preocupaciones, exista lo más importante; el amor. Familia en la que sean tan fuertes sus lazos fraternales que la haga indestructible, que profese felicidad ya tan solo por la dicha de estar juntos, apoyarse y compartir mutuamente. Seguro esta armonía la podría compartir con los demás en el trabajo, en la escuela y con los amigos.

Y eso nos lleva a
¿cómo somos con los demás?
¿Ayudamos a cualquiera que lo necesite?

Y no hablamos de cosas materiales, que como decía la Madre Teresa de Calcuta
“No debemos conformarnos con sólo dar dinero, el dinero no es importante, pues es más fácil de obtener que muchas otras cosas” sino del ayudar en la necesidad del otro, con un consejo, un abrazo, en el hacer, en el trabajar juntos

¿Si lo enseñamos?
¿Enseñamos a compartir, a dar desinteresadamente, a ayudar al otro de una manera incondicional?

Si profesamos una Fe y en casa hemos aprendido que es la unión, compartir y el amor, seguramente reconocemos cuando alguien necesita ayuda. Ayudemos para que las nuevas generaciones ya no les cueste servir a su prójimo, que sean humanos y no máquinas para producir cosas materiales, que se valoren, que dar al que está a su lado no tiene nada de malo, que no sean egoístas en sus acciones, que difundan amor a través del servicio de ayudar en casa con responsabilidades, con atenciones hacia su familia, amigos o compañeros de trabajo, que sea amable y no tenga inconveniente en ayudar de corazón al otro, enseñemos que es posible ser parte de una sociedad humana.

Fe, fraternidad y servicio, debemos practicarlo todos los días, construyamos juntos una mejor sociedad, eduquemos con amor, aconsejemos a las nuevas generaciones para ser mejores personas en su Ser y Hacer, alimentemos nuestras acciones con estos tres principios en nuestra labor como maestros y como padres de familia para que las nuevas generaciones aprendan y vivan la satisfacción, paz y felicidad del ser mejor persona cada día.

Maestra en Ciencias Alma Citlali del Angel Castillo
Maestra de Biología, Física y Química de Secundaria